Cuando nos enfrentamos a cambios de rutina tenemos reacciones de malestar, pues no aceptamos fácilmente dichos cambios. Pero pertenecemos a la especie que más y mejor se ha adaptado al mundo natural y a sus cambios.
Tal vez nos sintamos amenazados por el nuevo virus, tal vez pensemos que no hay ningún riesgo, tal vez estemos de acuerdo o en desacuerdo con las medidas que se han tomado, pero, sin importar qué opinemos, es importante que nos informemos, que conozcamos acerca del virus, de los síntomas de infección y de las mejores formas para prevenirlo.
El problema está en que hay tantas noticias y opiniones, difundidas en tantas formas, que no atinamos a juzgar la calidad de las mismas. Nos abruma tanta "información". Entonces elegimos guardar la cabeza debajo de la tierra o reaccionar contra lo que oímos, negando cada cosa o tomando las medidas incorrectas.
Pero más allá de esto, hay otro problema, que sería muy favorable si lo supiéramos enfocar: nos volvemos hipervigilantes, hipersensibles con cualquier sensación que pase por nuestro cuerpo, y este aumento en las formas en que nos sentimos y nos damos cuenta de nuestro cuerpo se convierte en una trampa, pues terminamos interpretando y entendiendo cada sensación en clave de signos de una enfermedad que tememos adquirir.
Así, cualquier dolorcito de cabeza nos parece un signo asociado, y más cuando por la mañana al salir del baño el agua fría nos hizo estornudar. Entonces no recordamos que normalmente nos duele la cabeza cuando exageramos con el uso de pantallas como el celular o la computadora. Este exceso nos tiene cansados por mantener la misma posición durante horas, pero al momento de sentir el cansancio en la nuca y la espalda solo pensamos en dolor muscular asociado a las infecciones respiratorias.
No es que nos estemos enloqueciendo, sino que este animal que llamamos Ser Humano, para poder adaptarse con mayor facilidad y rapidez a las condiciones cambiantes, desarrolló altos niveles de inteligencia y sociabilidad, por lo que somos altamente influenciables.
Nuestro mayor avance puede convertirse en nuestra mayor trampa.
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