El problema de la reducción del espacio es que no afecta a todos los individuos del mismo modo. Aquellos más poderosos pueden acaparar mejores lugares y recursos, mientras que los más débiles quedan relegados a los espacios con peores condiciones. De acuerdo con esto, los más fuertes y agresivos tienen mayores probabilidades de prosperar y transmitir lo que saben y, por supuesto, también pueden transmitir con mayor exito si información genética, aptitudes, contextura física, capacidad cerebral, salud, etc. Así, la desigualdad experimentada en este mundo artificial de ratones se parece, aunque de manera más extrema, a la desigualdad de las sociedades humanas actuales.