El Orientador
miércoles, 29 de mayo de 2024
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miércoles, 25 de noviembre de 2020
Manejo de emociones
Las emociones se originan en nuestro interior como consecuencia de un estímulo externo. El significado etimológico de la palabra emoción es movimiento que surge o sale de adentro.
El manejo de las emociones es muy importante para nuestra
salud mental. Manejar las emociones no significa reprimirlas o negarlas, sino reconocerlas
y reflexionar acerca de lo que las ocasiona, así como de aquellos
comportamientos que adoptamos cuando las experimentamos. Algunas emociones
resultan displacenteras, pero esto no significa que sean negativas. Todas son
reacciones naturales y animales. Lo importante es que logremos aceptar su
pertinencia, pues aparecen de manera acorde a una u otra situación, con el
objetivo de preservar la vida y la integridad, así como aquello que en el mundo
civilizado ocupa dichos lugares (la dignidad, los derechos, la libertad de
expresión).
La educación emocional consiste en aprender a dar cabida a
las emociones de manera acorde con las situaciones que las suscitan, y,
también, lograr canalizarlas por medios que buscan prescindir de la agresión
física.
El primer avance hacia el manejo adecuado de las emociones
corresponde a la capacidad de darse cuenta. Es decir, percibir
claramente, sin preconceptos, aquello que sucede al interior del organismo
(sensaciones, espasmos, movimientos musculares involuntarios, dolores, etc.) y
la mente (fantasías, razones, preocupaciones, etc.), junto con la percepción
clara de aquello que sucede a nuestro alrededor (movimientos, declaraciones,
comportamientos, etc.). Justo después de que logramos percibir sin que nos
contaminen los preconceptos, comenzamos a ser capaces de aceptar lo que sucede
dentro de nosotros, así como por fuera. Entonces, a partir de estas
comprensiones, avanzamos hacia el logro más importante: el de regular los
impulsos.
Sugerencias para el manejo de las
emociones
Primeramente
debes tomar conciencia de tus emociones. Esto implica hacer una introspección (et.:
mirar hacia adentro). Una forma de introspección es la meditación. Mientras
meditamos observamos, no juzgamos ni criticamos; observamos lo que surge,
emociones, sensaciones, sentimientos, pensamientos.
Luego
de percibir, es necesario hacerse responsable de esto que surge.
Puede
ser cierto que algo o alguien se constituya en el detonante de cierta emoción,
pero nosotros tenemos la potestad y responsabilidad de regularlas a través de
nuestro comportamiento. No podemos elegir las sensaciones corporales que
acompañan la emoción, pero sí está bajo nuestras manos la posibilidad de
cambiar nuestros comportamientos y moderar nuestras reacciones conductuales.
Existen muchas técnicas que puedes utilizar para
manejar tus emociones. En general, todas las técnicas incluyen ejercicios de
respiración que permiten disminuir la velocidad de procesamiento de la
información, dando lugar a capacidades para actuar más lentamente. Otro aspecto
común a muchas técnicas implica expresar de diversas formas todo lo relativo a
las emociones; en general, estas formas corresponden a diversas expresiones
artísticas (escritura, pintura, expresión corporal, música).
Desde la psicología y las disciplinas basadas en
ella, existen varias técnicas, algunas con mayor soporte científico que otras.
Te recomendamos indagar por tres de ellas: El Continuo Atencional de la terapia
Gestalt, el Focusing, desarrollado por E. T. Gendlin y la Técnica de Liberación
Emocional, propuesta por Gary Craig.
La respiración profunda es una mini técnica que puedes
realizar todas las mañanas, así como cuando te encuentres emocionalmente
aturdido. Es muy fácil de realizar:
·
Inspira lentamente contando hasta 10
·
Sostén el aire dentro de tu cuerpo mientras cuentas
hasta 5
·
Exhala lentamente repitiendo frases como “me siento
calmo”, “me siento relajado”, “todo esto también pasará”, “no es el fin del
mundo”, etc.
·
Repite el proceso cuantas veces sea necesario.
Cuando sentimos depresión, tristeza o conflictos
tendemos a respirar de manera rápida, poco profunda o entrecortada. Por ello,
ejercitar nuestra respiración nos permite controlar mejor las emociones. Respirar
profundamente puede ayudarnos a reducir la fuerza de las emociones negativas y
comenzar a relajarnos y sentirnos más tranquilos.
Bibliografía
Craig, G.
(2011). Técnicas de Liberación Emocional. Emotional Freedom Techniques.
García, E., Fusté, A., & Bados, A. (s.f.). Manual de
Entrenamiento de Respiración. Barcelona: Univerditat de Barcelona.
Klagsbrun, J. (s.f.). Focusing Una herramienta corporal y
mental para la autoexploración y reducción del stress. Obtenido de
Previous Focusing: http://previous.focusing.org/es/focusing_una_herramienta_corporal_y_mental_klagsbrun_trad_riveros_031209.pdf
Sarrió, C. (19 de 07 de 2016). El "darse
cuenta" en Terapia Gestalt. Obtenido de Terapia Gestalt-Valencia:
https://www.gestalt-terapia.es/el-darse-cuenta-en-terapia-gestalt/
lunes, 2 de noviembre de 2020
¿Qué es la empatía?
La empatía es la capacidad para entender los sentimientos y las emociones de una persona, incluso cuando la está pasando mal. Es importante no confundir la empatía con emociones como la compasión, ya que en la compasión la persona aparte de ponerse en el lugar de otro también intenta ponerle fin a su sufrimiento. Es decir, la empatía es un requisito para la compasión, pero la compasión implica un intento comportamental de ponerle fin al sufrimiento del otro, mientras que la empatía llega hasta la comprensión de los sentimientos y emociones del otro.
Algunas características que debe poseer una persona empática:Entienden que cada persona es
diferente. Comprenden que cada persona tiene necesidades particulares. “Mira con los ojos de otro,
escucha con los ojos de otro y siente con el corazón de otro”
-Alfred
Adler
Referencias
Montejano,
S. (08 de Julio de 2019). Psicoglobal. Obtenido de ¿Qué es la empatía
y cómo desarrollarla?: https://www.psicoglobal.com/blog/empatia-desarrollo
jueves, 29 de octubre de 2020
COMUNICACIÓN ASERTIVA.
La comunicación
asertiva es un estilo de comunicación que nos permite expresar ideas, sentimientos,
deseos y necesidades de una manera directa, segura, y honesta sin dejar al lado
la empatía y el respeto.
Este tipo
de comunicación es fundamental para lograr tener éxito en nuestra vida social y
personal, pues es de gran ayuda a la hora de establecer relaciones interpersonales
sanas, favoreciendo y potenciando nuestra capacidad de resolver problemas con
eficacia y tomar decisiones que nos sirvan para desempeñarnos mejor en la
sociedad y ser respetados por los demás.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (2002) la comunicación asertiva:
“se considera como aquella que sirve a sus
fines, la distribución de información y la interacción entre docentes y
alumnos. Es por ello y basado en el concepto anterior, se puede señalar que la
efectividad de la comunicación en la educación merece especial atención puesto
que de allí se determinan los fines y objetivos de la educación en general. La
educación que como ciudadanos merecemos y en la que los profesionales de la
docencia están en el deber de facilitar mediante mecanismo, estrategias y
valores.”
La comunicación
asertiva en el contexto educativo necesita ser creada en un ambiente agradable
donde los docentes, estudiantes y demás miembros de la institución puedan
transmitir conceptos, objetivos, y conocimientos que generen una retroalimentación
interactiva y reflexiva, donde todos los participantes puedan realizar acciones
que promuevan y estimulen una comunicación de calidad, efectiva y asertiva.
Es de gran
importancia resaltar que existen cuatro (4) tipos de comunicación:
Comunicación asertiva: Este estilo de comunicación tiene en
cuenta las opiniones ajenas, dándoles la misma importancia que a las propias. Se
caracteriza por el respeto hacia los demás, aceptando y entendiendo que la opinión
y forma de pensar de los demás no tiene por qué coincidir con la propia,
evitando conflictos sin dejar de expresar lo que sentimos de forma directa,
abierta y honesta.
Comunicación pasiva: Es aquel estilo de comunicación
propio de personas que evitan mostrar sus sentimientos o pensamientos por temor
a ser rechazados, incomprendidos o a dañar su imagen. Estas personas suelen
poner los deseos de los demás sobre sus necesidades propias al no saber decir no,
aunque no estén de acuerdo con la situación.
Comunicación agresiva: Este estilo de comunicación es
opuesto a la comunicación pasiva, caracterizándose por la dificultar a la hora
de expresar las opiniones y sentimientos personales en momentos de tensión. Suele
estar acompañada de frustración e implica culpar e incluso despreciar a los demás.
Comunicación pasivo-agresiva: Consiste en evitar el conflicto
mediante la discreción, aunque la persona parece pasiva actúa sutilmente
enojada evitando las situaciones que puedan resultarle incómodas o que lo hagan
enfrentar con los demás. Estas personas no defienden sus propios derechos
(pasividad), pero tampoco se muestra en conflicto con los de la otra parte
(agresividad).
Y tu ¿Cuál estilo
comunicacional utilizas con tus estudiantes?
Recuerda
que la comunicación asertiva se da cuando somos capaces de comunicar y
transmitir con seguridad nuestras ideas, sentimientos y opiniones de forma empática,
amable y honesta, sin ofender a los demás. Ten en cuenta que escuchar
activamente cuando el otro habla, dejar que la otra persona termine de expresar
lo que siente y comprender lo que dice antes de sacar conclusiones son
estrategias que te ayudaran a mejorar tu comunicación con los demás.
Unesco. (Julio de 2002). Comunicación Asertiva. Obtenido de Unesco: WWW.UNESCO.ORG
lunes, 26 de octubre de 2020
Escucha activa.
La escucha activa es la base fundamental para una buena comunicación, demuestra que el oyente ha comprendido lo que el hablante pretende trasmitir.
Existen varios niveles de escucha que se pueden
emplear dependiendo del nivel de entendimiento que se alcanza en cada caso:
- Parafrasear es
una forma de dirigir la conversación, porque el hablante va a ampliar la
información sobre lo que hemos subrayado en nuestra respuesta, al reflejar
el contenido de su enunciación.
- Reflejar el estado
emocional: además de comunicarle lo que se le ha
entendido, se le muestra cómo se siente con lo que nos comunica.
- Validar:
mostrar que se acepta al otro como persona, aunque no estemos de acuerdo
con lo que dice.
- Manifestar el
acuerdo y el desacuerdo como una opinión propia y no como una afirmación
indiscutible, lo que permite continuar y avanzar en la conversación sin
anular al otro.
Por otra parte, existen aspectos que no permiten
una escucha activa:
- Rechazar las emociones que el otro manifiesta:
las emociones son reacciones automáticas que frecuentemente se dan en
determinadas circunstancias. Decir a una persona que no debería sentir lo
que siente implica un reproche hacia una conducta sobre la cual no se tiene
control; implica manifestarle que no la aceptamos como ser humano.
- Juzgar. Al juzgar nos creemos en una posición
de superioridad frente al otro, lo cual anula las posibilidades de
diálogo, en tanto que genera una relación vertical donde se pone en
entredicho la verdad (experiencial, emocional, afectiva) que se nos está
comunicando.
- Solucionarle el problema al otro: quien te lo
está planteando quiere compartirlo contigo, pero él (ella) es la
responsable de solucionarlo. Tu solución infantiliza al otro,
comunicándole de manera subliminal que le consideras incapaz de pensar el problema
y hallar la solución. En vez de ello, trata de escuchar, comprender y dar
tu visión del problema.
- Interrumpir: espera a que la otra persona te
dé paso, aunque no estés de acuerdo con lo está diciendo en el momento.
Así, tendrás una visión completa de lo que siente y del porqué lo siente
de ese modo. Cuando interrumpes corres el riesgo de perder un hilo
importante en lo que el otro te está comunicando.
- Dar consejos. No des un consejo que no te
hayan pedido. Vuelve a leer el numeral 3 de esta lista.
- Descalificar. No descalifiques cuando des tus
opiniones. Es una forma de juzgar. Vuelve a leer el numeral 2 de esta
lista.
“Nuestro peor problema de
comunicación es que no escuchamos para entender:
Escuchamos para contestar”
Referencias
Garcia,
J. (02 de Enero de 2009). Psicoterapeutas.com. Obtenido de
Comunicación: la escucha activa:
http://www.psicoterapeutas.com/terapia_de_pareja/escucha_activa.html
domingo, 25 de octubre de 2020
¿Cómo manejar el estrés?
El estrés nos
hace sentiros mal tanto física como emocionalmente, se manifiesta en nuestro
cuerpo haciendo que nuestros órganos se pongan tensos y les cueste trabajo
funcionar; puede también ocasionarnos trastornos alimenticios, ansiedades,
temblores o sudor en las manos.
Los niños,
niñas y adolescentes pueden vivir situaciones que los confunden, angustian o
preocupan, es decir que les generan estrés. Esto se puede deber a muchas cosas,
a que estén nerviosos por un examen, a actitudes groseras o poco respetuosas
que la gente tenga con ellos o a que experimenten cambios y les toque
enfrentarse a algo nuevo. En el contexto educativo, es importante identificar
el estrés para poder ayudarles a desarrollar habilidades que les permitan tener
control de la situación.
Para controlar el estrés debemos tomarnos un tiempo para relajarnos y desconectarnos de la rutina, haciendo que este momento se vuelva parte de los hábitos diarios. Intenta tomar las cosas con tranquilidad sin dejarte llevar por la desesperación e intenta seguir poner en práctica lo siguiente:
Se positivo: El estrés por lo regular es temporal y por lo general suele desaparecer cuando reconoces el problema y comienzas a pensar en soluciones.
Aliméntate y duerme bien: Comer saludablemente nos da energía para manejar las situaciones de estrés. No comer tres veces al día o preferir alimentos no saludables puede provocar cansancio, enfermedades o debilidad corporal. Dormir por lo menos ocho horas también es importante; comer demasiado o muy poco o dormir demasiado o muy poco puede empeorar el estrés.
Dialoga amablemente contigo mismo: Es bueno decirnos cosas que nos relajen o animen a enfrentar lo que nos preocupa, por ejemplo: “Sé que esta vez voy a lograr salir de esto, soy capaz”.
Relájate: Descubre un pasatiempo que te haga sentir tranquilo, existen ejercicios que nos ayudan a relajar los músculos.
Haz ejercicio: Busca algún deporte y practícalo, siempre es bueno descargar las energías en alguna actividad física pues esto puede mejorar tu estado de ánimo y reducir el estrés. Si no te gusta hacer ningún ejercicio, búscate una actividad manual que te ayude a relajarte.
Ríete mucho: Esta es una de las mejores formas de reducir el estrés. La risa estimula el corazón, reúnete con amigos y libera tu tensión, relájate y disfruta del momento que estas compartiendo.
Busca algo que te guste hacer: Encuentra algún hobby, por ejemplo, leer o escuchar música, esto puede ayudar a distraer los pensamientos que te generan estrés.
Ponte límites: Aprende a decirle no a ciertas tareas, no te comprometas a llevar a cabo cosas que no deseas o no quieres hacer.
Busca ayuda: Cuando te sientas estresado, busca a las personas que te quieren y les importa que estés bien. Es de gran ayuda hablar con alguien en quien confíes.
martes, 20 de octubre de 2020
¿Qué es el estrés?
El estrés puede definirse como un conjunto de reacciones fisiológicas que se presentan cuando una persona sufre un estado de tensión nerviosa, producto de diversas situaciones percibidas como amenazantes para la supervivencia, bien sea en el ámbito laboral o personal: exceso de trabajo, ansiedad relacionada con incertidumbre por el futuro (por ejemplo, cuando son impredecibles las consecuencias o reacciones del otro frente a los propios actos), situaciones traumáticas, etc.
El estrés es una respuesta natural y necesaria para la supervivencia.
Cuando esta respuesta natural se da en exceso se produce una sobrecarga de
tensión que repercute en el organismo y provoca la aparición de enfermedades y
anomalías patológicas que impiden el normal desarrollo y funcionamiento del
cuerpo humano
Algunos autores diferencian entre
estrés positivo (Eustrés) y negativo (Distrés). El primero es normal y
adaptativo, activa al organismo ante situaciones novedosas y está relacionado
con el aumento de la actividad física, la creatividad y el entusiasmo. El
segundo es desagradable y dañino en tanto que provoca una exacerbada e
inadecuada respuesta psicofisiológica que desgasta y obstaculiza la adaptación
al cambio, es decir, al estresor
Existen varios tipos de estrés:
Estrés normal: las reacciones fisiológicas que se
dan en nuestro organismo ante determinadas situaciones y que se consideran normales
debido a que nos activan y permiten responder de forma adecuada a dichas
situaciones. Por ejemplo, cuando nos enfrentamos a la situación de hablar en
público, así como cuando nos preparamos para un examen.
Estrés patológico: cuando el estrés se presenta de modo intenso por periodos prolongados,
es muy probable que cause problemas físicos y psicológicos, transformándose en
un estrés crónico y nocivo que puede provocar crisis de llanto, depresión, y
diversas afecciones físicas.
Estrés post-traumático: es aquel que se presenta después de que una persona ha
vivido algún tipo de suceso aterrador, como la guerra, un accidente de tráfico,
un robo callejero o un desastre natural. A consecuencia de estos traumas, la
persona tiene pensamientos aterradores con frecuencia, relacionados con la
situación que vivió. Además, suele suceder que se detone con una palabra o
situación relacionada con el momento traumático (volver a pasar por el lugar
del evento, por ejemplo).
Síntomas del estrés patológico
El estrés puede causar muchos
síntomas, tanto físicos como psicológicos y emocionales. Muchas veces, los
afectados no relacionan los signos con el propio estrés.
Estos son los síntomas más
frecuentes:
·
Dolor
de cabeza: El tipo de cefalea más común es el dolor de cabeza tensional
(provocado por la tensión que ejercemos sobre los músculos de la cabeza, la
mandíbula y el cuello)
·
Mala
memoria.
·
Diarrea
o estreñimiento.
·
Falta
de energía o de concentración
·
Cambios
de la conducta.
·
Problemas
de salud mental: ansiedad o depresión.
·
Problemas
cardiovasculares: cuando el estrés se prolonga mucho tiempo.
·
Cambios
en el peso.
·
Problemas
estomacales.
·
Cansancio
constante y prolongado.
·
Problemas
a nivel sexual: el cansancio generado por el estrés puede provocar problemas en
muchos ámbitos de la vida, incluida la sexualidad.
·
Rigidez
en la mandíbula y el cuello, ocasionando dolores de cabeza.
·
Insomnio
o exceso de sueño: la dificultad para conciliar el sueño es tanto un efecto
como una causa frecuente de estrés, afectando tanto a la cantidad como a la
calidad del sueño.
Referencias
Cuidate plus. (25 de
septiembre de 2020). Obtenido de
https://cuidateplus.marca.com/enfermedades/psicologicas/estres.html
Regueiro, A. M. (s.f.). ¿Qué es el estrés y cómo nos
afecta? Obtenido de Universidad de Málaga:
https://www.uma.es/media/files/tallerestr%C3%A9s.pdf
Cuidate plus. (25 de
septiembre de 2020). Obtenido de
https://cuidateplus.marca.com/enfermedades/psicologicas/estres.html
Regueiro, A. M. (s.f.). ¿Qué es el estrés y cómo nos
afecta? Obtenido de Universidad de Málaga:
https://www.uma.es/media/files/tallerestr%C3%A9s.pdf






